Casa Maresme se sitúa en una parcela rodeada por un bosque de pinos y abierta hacia las vistas al mar, en un entorno donde la arquitectura queda inevitablemente vinculada al paisaje. Desde esa condición privilegiada, el proyecto parte de la transformación integral de una vivienda existente para darle una nueva vida contemporánea, más abierta, luminosa y conectada con el lugar.
Situada en la montaña, la llegada a la parcela anticipa el carácter del proyecto. La vivienda no se revela de forma inmediata, sino a través de una secuencia de aproximación en la que los volúmenes limpios, los patios y las zonas ajardinadas construyen una primera experiencia de apertura. La casa recibe desde una posición serena, vinculada al entorno natural, y establece desde el inicio un diálogo entre la arquitectura existente y una nueva forma de habitarla.
Transformando la arquitectura existente
El proyecto conserva la volumetría principal, pero transforma profundamente su lenguaje arquitectónico. Las fachadas se trabajan mediante un sistema de aislamiento exterior que mejora el comportamiento de la envolvente y permite unificar la imagen de la vivienda. Aprovechando la posición de los huecos existentes, se incorpora un zócalo rayado de ejecución artesanal, adaptado a la geometría de cada plano. Este gesto introduce textura, escala y una nueva lectura material, capaz de actualizar la casa sin borrar por completo su condición previa.
En el interior, la vivienda se vacía por completo para reorganizar su distribución y adaptar los espacios a una manera de vivir más fluida y contemporánea. Las estancias diurnas se sitúan en planta baja, favoreciendo la continuidad con el jardín, las terrazas y la piscina. La zona de noche se concentra en la planta superior, donde los dormitorios encuentran una mayor privacidad y una relación más controlada con las vistas al mar. Los grandes ventanales de suelo a techo refuerzan esta conexión constante con el exterior, permitiendo que la luz natural y el paisaje formen parte activa de la vida cotidiana.
Calidez, precisión y permanencia
La materialidad interior busca equilibrio entre calidez, precisión y permanencia. El pavimento de piedra natural crema marfil articula las zonas comunes, mientras que el roble natural aporta una atmósfera más íntima en los dormitorios. Los panelados de roble claro, combinados con acentos de roble oscuro, construyen una envolvente cálida. En baños y escalera, las mamparas de vidrio tintado en color marrón introducen profundidad y transparencia, mientras que los acabados metálicos en bronce, presentes en griferías y manetas, añaden una nota de continuidad.
La cocina y el comedor se conciben como espacios relacionados, pero diferenciados. El uso de un mismo mármol oscuro en la isla y en la mesa genera una continuidad visual entre ambos ámbitos, reforzada por la presencia de una vitrina que actúa como elemento de transición. Más que separar, ordena las relaciones entre las distintas escenas domésticas.
La iluminación se integra de forma indirecta en foseados de techo, suelo y mobiliario, evitando el protagonismo de la fuente lumínica y favoreciendo una atmósfera envolvente. La luz acompaña la arquitectura, subraya la textura de los materiales y permite que los espacios cambien de intensidad a lo largo del día. Esta estrategia convive con la integración completa de nuevas instalaciones en una vivienda existente, resuelta de forma silenciosa para preservar la claridad del proyecto.
El exterior adquiere un papel esencial en la transformación de Casa Maresme. La amplitud de la parcela permite incorporar una secuencia de nuevas pérgolas que prolongan la vida doméstica hacia el jardín. Bajo ellas aparecen zonas de sombra y nuevos usos, generando espacios intermedios desde los que habitar el exterior y conectar progresivamente la vivienda con la zona de baño. La piscina infinity, de forma circular, se inscribe en un cuadrado para mantener el lenguaje de geometría limpia que define la vivienda, introduciendo al mismo tiempo una presencia más orgánica y contemplativa dentro del jardín.
El paisajismo busca reforzar la integración con el entorno mediante jardines de bajo mantenimiento, especies autóctonas y vegetación aromática. Las gramíneas aportan movimiento y ligereza, mientras que la vegetación local asegura una presencia verde durante todo el año. El proyecto incorpora también un huerto, un jardín mirador y una ampliación natural del bosque de pinos que rodea la finca.
Agua, sonido y paisajismo
Tres fuentes realizadas con piedras encontradas en la propia parcela completan la experiencia del jardín. Situadas estratégicamente, permiten que desde distintas estancias se perciba la presencia del agua, no solo como elemento visual, sino también sonoro. Casa Maresme se convierte así en un refugio abierto, donde la arquitectura existente adquiere una nueva vida a través de la luz, la materia, la sombra y el paisaje.
Arquitecto
Ramón Esteve
Arquitectas Colaboradoras
Estefanía Pérez
Lola Sánchez
Arquitéctos Técnicos
Emilio Pérez
Sergio Cremades
Constructora
Francés Construcciones
Ingeniería
Leing Ingeniería
Paisajismo
GM Paisajistas
Vídeo + Fotografía
Alfonso Calza
Pieza de Música
Postdata Sound Studio